primera ascension-rimaya-glaciar-aneto-historiaComo todas las montañas, el Aneto está lleno de historia, la historia de la conquista de la montaña más alta de los Pirineos,su primera ascensión.

Alejado en la parte oriental del macizo de las Maladetas, el Aneto parece ser el hermano pequeño de las cumbres situadas en el sector occidental, lo que le sirvió para pasar desapercibido a los ojos de los primeros pirineístas. Fue en 1817 cuando Henri Reboul, basándose en avanzados cálculos matemáticos, aseguró que el Néthou, y no el Monte Perdido como se creía hasta ese momento, era la montaña más alta de los Pirineos. La noticia sirvió para dar comienzo a una nueva carrera en la conquista del techo de los Pirineos.

 

Primeros intentos

En 1820, se realiza el primer intento de ascensión al Aneto. Formarán el equipo Leon Dufour y Henri Reboul, acompañados por los guías de Luchon Martre y Barrau. Salieron de Luchon y, al pasar el puerto de Benasque, pararon para observar la montaña y decidir por dónde intentarían ascender al gigante Aneto. El itinerario elegido fue una arista de apariencia amable que se levantaba desde el collado de Salenques. Está claro que fue una ilusión equivocada: una vez en el collado, la arista de Salenques se transformó en un caos de bloques y gendarmes, escalada imposible de asumir para estos cuatro aventureros.

Pasarían siete años hasta que alguien volviera a intentar llegar a la cima. Esta vez sería Étienne-Gabriel Arbanère y lo intentaría por el sur, alejándose de los grandes glaciares y las temibles crestas de la cara norte. Desde la brecha de Llosas tuvo que abandonar su intento.

Así, durante años fueron sucediéndose diferentes tentativas con mayor o menor acierto en los itinerarios elegidos, quedándose más lejos o más próximos a la cima, caminando nuevos glaciares y atravesando nuevos collados, pero todas ellas con algo en común: ninguna conseguía llegar a la cumbre.

Primera ascensión

Será en 1842 cuando un joven Platon de Tchihatcheff, antiguo oficial ruso, decidió realizar una serie de ascensiones a míticas montañas pirenaicas: Midi, Vignemal, Monte Perdido y, cómo no, a la ansiada cumbre del Aneto. No fue fácil encontrar guías en Luchon que quisieran acompañarle, pues ninguno quería correr la misma suerte que Barrau, que murió años atrás en la Maladeta. A mitad de la temporada estival consiguió reunir al equipo que le acompañaría. Lo componían el botánico Albert de Franqueville, dos guías (Pierre Sanio y Jean Sors, apodado “Argarot”) y dos cazadores (Bernard Arrazau y Pierre Redonnet). Todos ellos partieron hacia la montaña el 18 de julio de 1842.

 

La Ruta

En su ruta atravesaron el puerto de Benasque, igual que habían hecho años atrás Dufour y Reboul, pero no cometieron el mismo error que estos pioneros y se encaminaron hacia La Renclusa de la Maladeta. Una vez en ella, se dirigieron al suroeste para atravesar la brecha de Alba, desde la que divisaron el ibón de Cregüeña y pasaron a Coronas. Rodeando la gran montaña buscaban evitar las temibles rampas heladas de la cara norte del Aneto.

Tras dos días de camino se encontraron en el ibón de Coronas, muy cerca de donde nadie antes había estado. Ya en el collado de Coronas aún les quedaba la gran rampa de hielo final antes de llegar a la cima, rampa que intentaron evitar ascendiendo por la cresta. La roca descompuesta y la espesa niebla les obligaron a remontar las rampas del glaciar, que por esta vez se mostró amable, recubierto por una capa de nieve donde las huellas se marcaban sin problema.

Una vez en la antecima, la niebla les permitió ver la cima. Aún no habían llegado, todavía les quedaba una última dificultad, un estrecho y vertiginoso tramo de cresta horizontal que los separaba de la definitiva cima: el Puente de Mahoma que el mismo Franqueville se encargó de bautizar. Tras superarlo se cerró un importante capítulo del pirineísmo: los primeros hombres habían coronado la cima del Aneto.

Un montón de piedras y el primer libro de registro con las firmas de los montañeros son el testigo de esta aventura en la que se pisó por primeva vez la cima más alta de los Pirineos.

 

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