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Foto: José Luis García y Mariano Martinez

Hablar del paisaje de los Pirineos es hablar de glaciarismo. Hoy en día casi extintos, fueron los encargadas de modelar estas montañas, excavar los valles y afilar las aristas. Su progresiva retirada nos ha dejado su huella en forma de ibones y morrenas. De esta problemática y para su conservación surge el Monumento Natural de los Glaciares

En la cara norte del Aneto encontramos el glaciar más extenso de los Pirineos, con 90 hectáreas de extensión y casi 50 metros de espesor máximo. En nuestro recorrido al Aneto tendremos que caminar sobre este glaciar, lo que nos obligará a usar crampones y piolet para garantizar nuestra seguridad.

 

Monumento Natural de los Glaciares

Estas masas de hielo que hoy quedan al resguardo de las grandes cimas pirenaicas son el vestigio de los grandes gigantes de hielo de hace 50 000 años. Estos glaciares y sus zonas colindantes forman el Monumento Natural de los Glaciares Pirenaicos, declarado el 21 de marzo de 1 990. Este espacio protegido tiene un total de 16 087 hectáreas repartidas en ocho macizos montañosos del Pirineo aragonés: macizo del Balaitús, picos del Infierno, pico Viñamala, La Munia, pico Posets, pico Perdiguero, macizo de las Maladetas y Monte Perdido.

 

Los glaciares en la actualidad

En la actualidad, y como consecuencia del calentamiento progresivo del clima, estas masas de hielo parecen estar condenadas a desaparecer. Durante el último siglo, los hielos del Pirineo aragonés han sufrido un fuerte retroceso, pasando de 1 500 hectáreas estimadas en 1 894 a las menos de las 400 actuales.

En todo el Pirineo solo quedan 19 masas de hielo glaciar, aunque solo 10 de ellas pueden considerarse glaciares, siendo los otros 9 neveros que no presentan movimiento, característica fundamental para hablar de glaciar. Todos estos glaciares están en su última fase, reduciéndose el hielo a la zona de circo y muy pocos son los que presentan una pequeña lengua.

Nuestro paso por el glaciar del Aneto es inevitable, pero también debería ser invisible: nuestra actividad en este espacio natural de gran valor nos obliga a ser conscientes de que la única huella que deberemos dejar en él será la de nuestros crampones. Estos ecosistemas de hielos perpetuos de alta montaña presentan una gran fragilidad y es labor de todos trabajar en su conservación y preservación.

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